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miércoles, 27 de febrero de 2008

MUJER Y LIBERTAD

Por: Pilar M. Lezcano Pastor


Mi profundo sentido de la libertad me ha llevado a involucrarme en actividades profesionales como la política -soy diputada socialista- y el teatro -directora y actriz- con el fin de defender los derechos y las libertades de los ciudadanos. Desarrollar un teatro crítico que haga pensar, y una actividad parlamentaria, como la del pasado 14 de febrero que defendí -en la Asamblea de Madrid- el derecho de las mujeres ha interrumpir su embarazo.

Nuestro grupo parlamentario apoya la actuación del Gobierno socialista que tiene dos objetivos claros: defensa del cumplimiento da la actual Ley del Aborto y la protección del los derechos de las mujeres y de la seguridad jurídica de los profesionales. Queremos promover la reflexión y el debate social y político sobre cómo está funcionando la vigente Ley y sobre la posibilidad de modificar la misma. Para ello queremos lograr el mayor consenso social y político con el fin de ampliar los derechos individuales de las mujeres y protegerlas en su dignidad y en su libre albedrío de decidir sobre su maternidad, dentro de los límites que marque la Ley en un Estado de Derecho y Democrático como el nuestro.

También nos gustaría una regularización de la objeción de conciencia para evitar tantos casos de hipocresía médica como se están dando.

Algunos médicos se niegan a practicar abortos en la Sanidad Pública pero no tienen ningún empacho en practicarlos en clínicas privadas donde cobran sustanciosas cantidades. Un registro de objetores pondría en evidencia la doble moral.

La Conferencia Episcopal está muy combativa contra este tema, pero me gustaría verle defender, con el mismo ardor, la lucha contra la pederastia y no permitir barbaridades como la del Obispo de Tenerife que dijo, textualmente:
“Puede haber menores que consientan los abusos, hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo; incluso, si te descuidas, te provocan”. Vergonzoso. Estos son los valedores electorales de la derecha española.

Las mujeres seguiremos luchando por nuestra libertad, porque una mujer libre y respetada en su dignidad, es una ciudadana que contribuye mejor al bienestar, al progreso y a la paz de su comunidad.

Pilar M. Lezcano Pastor
Diputada PSM en la Asamblea de Madrid

viernes, 15 de febrero de 2008

LAS BAJAS PASIONES DEL PP Y LA INMIGRACIÓN



Por: Yolanda Villavicencio M.

Como se habla tanto de integración de los inmigrantes, quisiera ofrecer algunas claves para orientarnos sobre lo que estamos hablando.

El PP propone un contrato de integración para los inmigrantes:

Veamos lo de contrato. En realidad la sociedad en la que estamos es una sociedad pactista, de contratos. La Constitución misma se predica como un pacto, como un contrato que en algún momento se produjo entre los ciudadanos para ordenar la convivencia. Ni el que no tiene nacionalidad española, ni el 70% de la población que si tiene ese estatus, que cuando se aprobó la Constitución no tenía derecho al voto ha pactado nada, de modo que nuestra vinculación con ese pacto viene por otros caminos, ya sea por la oportunidad, por la corrección ética de aquel pacto, o porque la situación viene dada y no hay otra realidad por ahora y ello obliga, por eso la inmigración no necesita otro contrato, ya tiene contrato: La Constitución.

Tal vez, y porque hay una especie de evolución permanente de los pactos de ciudadanía a lo largo del tiempo, la realidad de hoy, nos invita a reflexionar en el pacto del 78, o apostar a modificarlo conforme al cambio de la sociedad, pero esa es una aspiración que se construye día a día y que por ahora, y sobre todo cuando una de las fuerzas políticas principales muestra su absoluto atrincheramiento en la visión más nostálgica de la sociedad, queda en el nivel de las esperanzas y de la tarea por la que apostar y trabajar.

El caso es que cuando el PP propone un pacto, no hace nada excéntrico, pues pacto. La idea de pactar la convivencia es intrínseca a nuestro sistema político. Lo excéntrico viene por el contenido. Porque el pacto del Pepé rompe con el pacto de todos y propone reglas de juego que no son equitativas: Usted pacta sumisión y nosotros dominio. Usted traga lo que nosotros decimos y nosotros decimos lo que usted se traga. Es un pacto cínico, egoísta e injusto y como es tan obvio no hace falta mayor comentario.

Sería distinto pactar, por ejemplo, que unas y otras personas, con el consenso social y el esfuerzo institucional, pusiéramos los mejores empeños y esfuerzos, construyendo derechos y obligaciones mutuos, creando riqueza social, para hacer una comunidad más justa, más digna, para crear mecanismos de cohesión social y de solidaridad con los más desfavorecidos, para profundizar mejor en el desarrollo de los derechos humanos, haciendo que cada cual ponga en ello lo mejor de sí y reciba lo mejor de los demás.

Pero vayamos a lo de la integración.

Existe ya un pacto de integración en la sociedad. Se desarrolló en un plan de carácter estatal que se llama PLAN ESTRATEGICO DE CIUDADANIA E INTEGRACION, y que parte de la idea realista de que la integración es un proceso mutuo, bilateral, de acogimiento, corresponsabilidad, y búsqueda conjunta de la cohesión social. No hay integración de los unos a los otros, sino de ida y vuelta. Lo sugiere también la UE en el COM 11.09.2007.

Nuestra sociedad, cualquier sociedad, tiene múltiples fracturas. No somos todos uniformes (y afortunadamente no lo somos). No es lo mismo el modelo de sociedad que tiene, por poner un ejemplo, Monseñor Rouco en lo que lleva bajo la mitra que el que tiene en su magín Pedro Almodóvar, o la expectativa de cualquier personaje de la farándula que la de un investigador y así hasta el infinito. Tal vez algunos, cada vez más, en su vuelta atrás, aspiran a que todos desfilemos a golpe de silbato y que los criterios jerárquicos, clasistas y autoritarios se impongan sobre otros más dúctiles (son muchos los que militan en el partido tácito machista, militarista, autoritario), pero pretender uniformidad es verdaderamente una sandez, ya que más de la mitad de la sociedad piensa de forma distinta porque tiene valores de solidaridad, justicia y verdadera fraternidad y porque ese pensamiento no sirve para gestionar la realidad de hoy.

La integración es un concepto polisémico y escurridizo. Dice poco de la convivencia, y más de los preconceptos, de los miedos y las intenciones de quienes usan tal palabra. Cuando la derecha habla de integración, me echo a temblar, porque suele ocurrir que más bien habla de prejuicios, restricciones y cálculo electoral. El caso es que a nadie se le ocurriría hablar de la integración de los políticos, o de los banqueros, o del “famoseo” (que viven tan fuera de la realidad común) en la sociedad, o de integración de las mujeres o de los catalanes. Ni los unos ni los otros se tienen que integrar a la sociedad, sencillamente son la sociedad también. No sería comprensible aplicar lo de integración aquí porque aquí los prejuicios van por otro sitio. Más bien, en el primer caso, hablaríamos de privilegios y en el segundo de discriminación, de patriarcalismo, de violencia cultural. Es un enfoque correcto, porque señala el problema en términos de derechos y deberes, de democracia y ciudadanía. ¿Por qué entonces integración “de” los inmigrantes? ¿No hablamos de desigualdad, de discriminación, de elitismo, de etnocentrismo, de privilegios injustos, de interculturalidad y un largo etcétera?

Lo triste es el eco que tiene el discurso neoconservador, renacionalizador y unilateral del patrioterismo en algunas capas sociales. Nuestro reto es entonces la pedagogía, la sensibilización, la participación y la movilización para aportar nuestra visión a la construcción de consensos sociales más democráticos.

Yolanda Villavicencio M.
Diputada PSM en la Asamblea de Madrid

jueves, 7 de febrero de 2008

LA "POLÍTICA" DE INMIGRACIÓN DEL PARTIDO POPULAR

"Creatividad y socialismo, ante las polémicas propuestas del Partido Popular en materia de inmigración para las próximas Elecciones Generales, publica los comunicados de prensa de las Asociaciones AESCO y RUMIÑAHUI".






jueves, 31 de enero de 2008

EL SEVERO ME DUELE










RAFAEL GÓMEZ MONTOYA
PUBLICADO EL 29 DE ENERO DE 2008 EN EL BLOG:


No podía dejar de hablar sobre el asunto que ha colapsado la atención nacional y regional desde el día de ayer y que supone el triunfo de la honestidad y la profesionalidad de muchos y muchas profesionales sanitarios.Han sido tres años de lucha continuada para desmontar una mentira urdida desde la Comunidad de Madrid, mantenida en el tiempo porque políticamente era rentable a los intereses del PP y tumbada y vencida por la lógica aplastante de los juzgados. ¿Vale todo en política? Creo que no; sobre todo cuando estamos hablando de la salud de los y las leganenses. El Hospital Severo Ochoa, sus profesionales, han visto recompesados sus esfuerzos; también los vecinos y vecinas de leganés que les apoyamos, porque sabíamos que era mentira el montaje de Lamela y que detrás de todo ésto reinaba la intención de debilitar el sistema público sanitario con intereses claros hacia otras formas de gestión de la sanidad. Si de algo nos sentimos orgullosos TODOS los Españoles, es de tener un sistema sanitario, educativo y social público, que nos integra, nos cura y nos educa a todos por igual, sin mirar el tamaño de la cartera de nadie, con igualdad y equidad.En el final del asunto del Severo, dos conclusiones claras: La primera ya la conocíamos cuando los tribunales absolvieron al Dr. Montes y sus compañeros, dejando claro que no existieron sedaciones irregulares. La segunda, la que dicta la Audiencia Provincial de Madrid, deja claro que no existió mala praxis médica. Creo oportuno recordaros que todo este montaje comenzó con una denuncia anónima que toma en consideración la Consejería de Sanidad que encabezaba Lamela.Creo necesario solicitar la normalización de la situación; los y las leganenses, que siempre hemos creido en la profesionalidad de los trabajadores del Severo, necesitamos volver a tener un Hospital fuerte, referencia en la Comunidad de Madrid; Para ello se hace necesario que la Presidenta Aguirre cumpla su palabra y reponga a todos los represaliados del Hospital, tanto a los que trasladó de centro de trabajo como a los que cesó de sus puestos por algo que, dicen los jueces, no existió.Que la Presidenta Aguirre y su Ex-consejero Lamela (también, por qué no, el actual Juan José Güemes) pidan perdón, a los médicos, a los trabajadores y trabajadoras, a los vecinos y vecinas de Leganés.ESta es mi opinión, que trasladaré a los responsables de la Comunidad tan pronto como consiga contactar con ellos y ellas.

No quería terminar sin comentar otro motivo de satisfacción: El Tribunal Constitucional ha desestimado el recurso del PP contra la Ley de Igualdad del Gobierno de Zapatero. El "machismo latente" del PP ha sido derrotado de nuevo.

miércoles, 23 de enero de 2008

MERCADO Y ESCUELA PÚBLICA




Por CÉSAR GINER PARREÑO




El prestigioso sociólogo británico Anthony Guiddens propone en un reciente trabajo que los sistemas educativos fomenten la elección de los padres y la competencia entre escuelas. La prestación del servicio público de educación se somete a las reglas del libre mercado. Dicen estas reglas que si los padres pueden elegir la escuela de sus hijos los fondos públicos, naturalmente, han de seguir a esa elección. Entonces las escuelas competirán por la captación de los clientes, que son nuestros hijos, y ganarán las mejores, mientras que perderán las peores. De esta manera, habrá poderosos incentivos para subir la calidad de la educación impartida en las escuelas, se mejorará la relación de los padres con la administración educativa en términos de calidad del servicio, y el sistema educativo ganará en innovación y eficiencia.

La extrapolación de estas ideas al sistema educativo español es un colosal disparate. Los colegios públicos son excelentes, cuentan con los mejores profesionales, pero hay que corregir algunos problemas para que compitan todavía mejor con sus rivales, que son los colegios concertados y los colegios privados. En otras palabras, la competencia en el “mercado de la educación” no sería real: tendríamos a unos agentes, los colegios públicos, que no contarían con las mismas armas que sus competidores: ¡Menuda competencia! Además, la prestación del servicio público de educación a través de los principios de elección y libre competencia puede ser injusta, pues, pensemos con seriedad: ¿quién elegirá y quién será elegido? Veamos estas ideas con algún detalle tomando el ejemplo de la Comunidad de Madrid, donde las políticas de educación del gobierno regional asfixian a la educación pública madrileña.

En efecto, se ha roto el equilibrio entre los tres formatos de enseñanza: la escuela pública, la concertada y la privada. Las causas de la pérdida de equilibrio hay que buscarlas en la falta de políticas para incrementar la competitividad de la escuela pública, y en la ausencia de equidad que contagia a todo el sistema educativo. Vayamos por partes. La escuela pública no puede ser más competitiva si se aplican políticas regresivas respecto al gasto educativo y a las inversiones. No aburriré con números y tantos por cientos, pues basta mirar el Presupuesto de la Comunidad para apreciar el comportamiento tacaño del Gobierno en el gasto público por alumno. Hay un claro déficit de plazas escolares y tenemos que aumentar las infraestructuras públicas. Podemos preguntar sobre esto, principalmente, a los padres que desean llevar a sus hijos a una escuela infantil, que se encuentran con el cartel “está completo” ¡Y cómo están a veces algunos centros públicos!: o los cuidamos o se nos caen, entiéndase la exageración en sus justos términos. Y que decir del malestar del profesorado, y de las plantillas, y de la imperiosa necesidad de promover el reconocimiento profesional de quienes realizan una de las tareas más nobles en nuestra región: contribuir a la educación de los niños.

Los problemas de la educación madrileña sobre rendimiento académico y coste de la educación afectan a la equidad del sistema. La educación que recibe un niño debe ser independiente de la renta de sus padres y de su clase social. Sin embargo, el mapa regional del fracaso escolar perjudica a las zonas este y sur, y principalmente a los centros públicos. La enseñanza tiene un elevado coste para las familias, no es completamente gratuita, ni tan siquiera la pública. La integración del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo es deficiente, hay segregación, y son los centros públicos los que mayoritariamente acogen a este alumnado. Es comprensible que algunos padres salgan corriendo de la red pública y lleven a sus hijos a los centros concertados. El PSOE siempre mantuvo una cooperación leal con la enseñanza privada concertada: ¡la inventó! Y los colegios concertados reciben dinero público. Por ello la enseñanza privada concertada tiene que asumir su responsabilidad con la sociedad y con todos los niños, especialmente si necesitan apoyo educativo. Además es necesario garantizar los principios fundamentales de tolerancia y pluralismo ideológico (art. 1 CE) de los conciertos educativos, también por razón de su financiación pública. Esto exige controlar que no aparezcan posiciones dominantes ideológicas en los conciertos, y a proceder a su apertura ideológica si aparecen.

Y al final… ¿quién elige a quién? La prestación del servicio público de educación a través de la elección y la libre competencia plantea otras objeciones serias. Así, si hay escuelas muy demandadas por los padres son ellas las que eligen, y no los padres, pues establecen mecanismos de selección. La consecuencia inmediata es la segregación o la polarización: las escuelas más “populares” elegirán a los alumnos más capaces o, presumiblemente, a los que vienen de familias con más recursos económicos.

Estoy convencido de que nuestros hijos son el recurso estratégico más importante de este siglo. Una política de educación que apueste decididamente por la calidad, la competitividad y la equidad de la Escuela Pública es la máxima garantía y expresión del principio de igualdad de oportunidades, del bienestar social, del crecimiento económico y del desarrollo de la libertad. Tenemos un patrimonio público e histórico en educación que debemos cuidar y potenciar como una exigencia de responsabilidad con las generaciones futuras. No les fallemos.


Cesar Giner Parreño
Profesor Titular. Universidad Carlos III de Madrid
Diputado PSM en la Asamblea de Madrid
Comentarios: cginer@asambleamadrid.es

Fuente de Procedencia del artículo: Sección de Tribuna, Suplemento Campus del diario “El Mundo”, miércoles 23 de enero de 2008

jueves, 15 de noviembre de 2007

El poder decisorio de la ‘izquierda volátil’

Los votantes centristas no son los fundamentales para lograr el triunfo electoral en España, sino aquellos que oscilan entre el PSOE, IU o la abstención. El PP puede ganar, pero lo tiene ‘a priori’ cuesta arriba
Por CÉSAR MOLINAS


La creencia de que las elecciones generales en España son decididas por los votantes centristas es incorrecta. La evidencia empírica muestra que estos votantes, definidos como aquéllos cuyo voto oscila entre el PSOE y el PP, tienen escasa relevancia. Los votos decisivos son los de la izquierda volátil, aquellos que oscilan entre el PSOE, IU y la abstención. Esto equivale a decir —y sé que la equivalencia no es obvia— que en las elecciones generales el PP siempre juega en campo contrario: las puede ganar, pero lo tiene a priori cuesta arriba. En este artículo me propongo mostrar que estas afirmaciones y equivalencias están respaldadas por los datos electorales y, también, extraer algunas consecuencias que me parecen interesantes.

En primer lugar, analizaré los resultados de las elecciones generales desde 1982 con el objetivo de cuantificar el voto centrista y el de la izquierda volátil. En segundo lugar, y aunque este artículo trate de elecciones generales, recogeré algunas enseñanzas de las elecciones locales del 27 de mayo pasado. En tercer lugar, me detendré en la relación que existe entre el voto al PSOE, por una parte, y la abstención y el voto a IU por la otra. En cuarto lugar, discutiré hasta qué punto un incremento notable de la abstención en Cataluña puede hacer perder al PSOE las elecciones de 2008. Por último, haré observaciones sobre las estrategias de los dos grandes partidos estatales.

Con una única excepción: en el último cuarto de siglo, España ha votado mayoritariamente izquierda. Desde 1982 ha habido siete elecciones generales. En seis de ellas la izquierda (PSOE, IU y sus antecesores) obtuvo entre un mínimo de 2,3 y un máximo de 3,5 millones de votos más que la derecha (PP, aliados regionales y sus antecesores). Sólo en las elecciones de 2000, que tuvieron la tasa de participación más baja de la actual etapa democrática (69%), la derecha superó en votos a la izquierda: la diferencia fue de 1 millón de votos. En 2000 la izquierda perdió 2,7 millones de votos respecto a 1996, de los cuales 2 millones fueron a incrementar la abstención. Esos 2,7 millones de votos los volvió a ganar en 2004. La derecha ganó 0,6 millones de votos, alcanzando su máximo histórico de 10,3 millones, pero los volvió a perder en 2004. Me parece razonable utilizar estas cifras para cuantificar los colectivos que antes he denominado votantes centristas e izquierda volátil. Los primeros pueden estimarse en 0,6 millones, que son los votos que ganó la derecha en 2000 tras una etapa de gobierno en minoría del PP en la que hizo gala de moderación y de buena administración. Esta cifra coincide con los votos perdidos en 2004 tras una etapa de mayoría absoluta en la que la arrogancia sustituyó a la moderación y en la que se tomaron decisiones, como la guerra de Irak, alejadas del sentir de muchos ciudadanos. Cabe señalar que esos 0,6 millones de votos no decidieron las elecciones de 2000: el PP hubiese seguido gobernando aunque no los hubiese obtenido. Lo decisivo fue el desplome de la izquierda por la huida del voto volátil. Esta izquierda volátil puede estimarse en unos 2 millones de electores: los que votaron a la izquierda en 1996, se abstuvieron en 2000 y volvieron a votarla en 2004.

Las elecciones locales de mayo de 2007 ilustran bien que el voto de la izquierda volátil es decisivo en España no sólo en las elecciones generales, sino también en elecciones de otro tipo. En el conjunto de España, y relativo a las elecciones locales de 2003, el PSOE perdió 240.000 votos, pero el PP sólo ganó 38.000. La aplastante victoria del PP en el municipio de Madrid resultó de una pérdida de 139.000 votos para el PSOE y de una ganancia de tan sólo 709 (sí, setecientos nueve) para el PP. La izquierda volátil volvió a decidir, esta vez a nivel local. No hay trazos de un trasvase significativo de votos del PSOE al PP. Además, el carácter decisorio del voto de la izquierda volátil no es un rasgo exclusivo de la actual etapa democrática. En las elecciones de 1933, la izquierda volátil —entonces el anarquismo— se abstuvo. Y ganó la derecha. En 1936, los anarquistas fueron a las urnas y los votos se incrementaron en más de 1 millón. Ganó la izquierda. No tengo ni conozco ninguna explicación convincente de por qué en España la izquierda volátil tiene este carácter decisorio, que no ha menguado ni tan siquiera con la aparición de una numerosa clase media en la segunda mitad del siglo XX. Sea cual sea la explicación, en esto los españoles somos atípicos. En la mayoría de los países de nuestro entorno la alternancia en el poder la deciden los votantes de centro, que votan ora a la izquierda ora a la derecha. Aquí, por algún motivo, somos diferentes.

Paso ahora a desarrollar el tercer punto de mi argumentación. Si bien, según mis definiciones, derecha y PP son casi sinónimos, izquierda y PSOE no lo son. En 1996 la izquierda obtuvo 12,06 millones de votos y la derecha 9,76 millones. En 2004 se repitieron las cifras: la izquierda obtuvo 12,06 millones de votos y la derecha 9,72 millones. En el primer caso ganó las elecciones el PP y en el segundo el PSOE. La diferencia la marcó el resultado de IU, que obtuvo un 11% de los votos totales en 1996, su máximo histórico, tras la memorable pinza Aznar-Anguita, y solamente un 4% del total en 2004. Un análisis estadístico de los datos electorales utilizando modelos sencillos de regresión, que cualquiera puede replicar descargando los datos del Ministerio del Interior en una hoja de cálculo, ofrece
los siguientes resultados:

1. Existe una relación estadística muy significativa entre el porcentaje de votos totales válidos que obtiene el PSOE, por una parte, y el porcentaje de participación en las elecciones y el porcentaje de voto a IU, por la otra parte; un aumento de la participación electoral de un 1% causa un aumento del porcentaje de voto al PSOE del 0,6%, mientras que un aumento del porcentaje de voto a IU del 1% causa una disminución del porcentaje del voto al PSOE del 1%.

2. No existe ninguna relación estadística significativa entre el porcentaje de votos totales válidos que obtiene el PP y el porcentaje de participación en las elecciones. En román paladino, estos resultados quieren decir lo siguiente: con una participación lo suficientemente alta y con un voto a IU lo suficientemente bajo, el PSOE siempre ganará unas elecciones generales, haga lo que haga el PP. Esta “ley de hierro” fundamenta las afirmaciones y la equivalencia enunciadas en el primer párrafo de este artículo.

Con los parámetros mencionados en el párrafo anterior se puede construir una tabla de doble entrada para estimar el porcentaje del voto total al PSOE en función de la participación electoral y del porcentaje de voto a IU. Esta tabla, que, insisto, todo el mundo puede construirse, muestra que es improbable que el PSOE gane las elecciones de 2008 si el voto a IU se mantiene en el 4% y la participación cae por debajo del 71% (en 2004 fue el 76%). Si el voto a IU subiese al 6%, el PSOE necesitaría una participación del 74% o superior para ganar. Si bien una participación superior al 71% parece probable, una participación del 74% (coincidente con la media histórica) parece más
difícil de conseguir. Este mismo tipo de tabla puede utilizarse para evaluar los efectos que tendría un gran aumento de la abstención en Cataluña, como resultado de la sensación de desgobierno que podrían tener los votantes de esa comunidad. Si la participación catalana cayese hasta el 64%, el mínimo histórico alcanzado en 2000, el PSC podría perder 3 o 4 escaños y entonces el PSOE necesitaría una participación mínima del 73% en el resto de España para seguir gobernando, algo que me parece complicado pero no imposible. No pueden descartarse participaciones inferiores al 64% en Cataluña. En este caso, el PSOE lo tendría muy difícil para ganar en 2008.

Para concluir, quiero recalcar que la metodología agregada y “de arriba abajo” usada en este artículo ignora aspectos tan importantes del proceso electoral como la Ley d’Hondt o la incorporación al censo de nuevas cohortes. Sin embargo, considero que es la mejor para obtener una visión de conjunto de la problemática electoral, que muchas veces se pierde en el análisis desagregado por circunscripciones. La izquierda volátil es un conjunto heterogéneo con pocos denominadores comunes, todos ellos negativos. Es común su rechazo frontal al PP y a todo lo que representa la derecha. Es común también su desdén hacia el PSOE, al que votan tapándose la nariz cuando le votan. Por lo razonado hasta aquí, el objetivo principal de una campaña electoral, de cualquier campaña electoral, en España debe ser para el PP que no vayan a votar los que le detestan y para el PSOE que acudan a las urnas los que le desprecian. ¿Son consistentes sus estrategias electorales con estos principios?

César Molinas es socio fundador de la consultora Multa Paucis.
Fuente de Procedencia del artículo: Sección de Opinión del diario “El País”, domingo 11 de noviembre de 2007

jueves, 25 de octubre de 2007

Un nuevo Foro de discusión

Creatividad y Socialismo es el punto de encuentro de todas las personas con inquietudes políticas y sociales. El foro de debate de engloba en un entorno creativo e intelectual.